domingo, 13 de marzo de 2011

Los peces exóticos amenazan los ríos


Hay pocos ecosistemas tan frágiles como los ríos. Experimentos, sueltas ilegales y pescadores han provocado que la cuarta parte de los peces sean ya de origen alóctono.


Poco a poco los animales exóticos están llegando a las aguas donde antes sólo había especies endémicas. Esto provoca que los cauces fluviales se incrementen cada año con nuevos peces introducidos que traen numerosos riesgos, entre los que destacan la alteración del hábitat de las especies autóctonas, la depredación sobre las mismas y, en algunos casos, la transmisión de enfermedades por medio de hongos y bacterias.
Este es un problema que sucede a nivel global, pero que tiene especial repercusión en ciertos lugares del planeta como América Latina o Europa. En el Cono Sur, y más concretamente en Chile, la acuicultura de salmónidos (trucha fario, trucha arcoiris, salmón atlántico, salmón chinnok o salvelino) ha traído consigo, desde finales del siglo XIX, una superpoblación de estos peces en toda la franja patagónica.

Sin dejar de ser una grave alteración, este hecho ha convertido también a este país en un centro mundial para la pesca de estos peces. En Argentina pueden encontrarse la tilapia (de origen africano), la carpa o el esturión siberiano, tres ejemplos de especies introducidas que llegaron con fines comerciales para su cría y han teminado por colonizar algunas regiones.
En el caso de España se han constatado al menos 26 nuevas especies de peces exóticos sobre las 70 que aproximadamente habitan ríos y estuarios de la Península Ibérica. Las posibilidades de erradicarlas en uno y otro lugar del planeta son casi nulas.
Si lo extrapolamos a datos globales (incluyendo flora y fauna), La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) afirma que, desde el año 1600, la introducción de nuevas especies ha provocado la extinción del 39% de los seres vivos autóctonos de cada parte del globo. La conclusión más inmediata es que la riqueza natural está amenzada por inquilinos no deseados que vienen a sumarse a los males que de por sí aquejan a los ríos: contaminación, extracciones excesivas, embalses, minicentrales…

Llegaron con los romanos
Quizás se consideran propios debido al tiempo que llevan en el lugar, pero tanto la carpa como el carpín rojo fueron traídos desde China a Europa durante el Imperio romano, con fines decorativos para estanques y muy probablemente como un elemento gastronómico más.

Con el paso de los años, y una vez que se aclimataron a las aguas españolas, vivieron de nuevo una época en la que se fomentó su cría y suelta durante la Edad Media. Clérigos y monjes de algunas congregaciones encontraron en ellas una manera de ampliar una dieta que no contemplaba la carne, ya que era fácil mantenerlas frescas en pequeñas masas de agua estancada. La tenca, otro pez muy común, fue también una de las especies llegadas con los romanos.
Tuvieron que pasar casi 2.000 años hasta que se produjese otra avalancha de introducciones. La fiebre naturalista de finales del siglo XIX trajo consigo numerosos experimentos con peces, no siempre beneficiosos para las aguas ibéricas. Las más importantes, procedentes de Norteamérica, fueron la trucha arcoiris -hoy criada masivamente en piscifactorías-, el salvelino o el gobio.
A principios del siglo XX, el lago de Bañolas (Gerona) sirvió de banco de pruebas para zoólogos como Francisco Darder, que propició la suelta del gardí, la brema, el alburno o el pez gato, hoy distribuidos ampliamente por el país. A diferencia de otros casos, la gambusia, también conocida como pez mosquito, se introdujo en 1921 con un fin concreto: eliminar la población de mosquito Anopheles causante del paludismo o malaria. Independientemente del objetivo inicial, lo que sí consiguió erradicar fueron otras dos especies piscícolas autóctonas y en riesgo de extinción: el fartet y el samaruc.

Los pescadores como causa de las últimas introducciones
La posibilidad de capturar una especie distinta, más combativa o de mayores dimensiones, ha propiciado las últimas introducciones, no siempre legales en España. En 1949 llegó el lucio hasta Aranjuez (Madrid) con una partida de huevos desde Francia a cargo del entonces Servicio de Pesca Continental, Caza y Parques Naturales. Posteriormente, este pez ha provocado la desaparición de la trucha común autóctona en buena parte del norte del país.
El black bass fue introducido mayoritariamente en varios embalses por la Administración. En el pantano zaragozano de Mequinenza, fueron los soldados estadounidenses amantes de la pesca quienes lo introdujeron para poder practicar esta afición fuera de su país en los ratos de ocio que les dejaba su trabajo en la base de Zaragoza. A finales de los años 60 llegó el turno del hucho o salmón del Danubio, hoy presente en un tramo del río Tormes, y en los 70 comenzaron a capturarse ejemplares de otros peces no catalogados hasta entonces, como la perca y la lucioperca en Boadella (Gerona).
Otro invitado reciente es el siluro, el pez de agua dulce con mayores dimensiones en Europa. Un pescador alemán, cometiendo uno de los delitos ecológicos más graves que se conocen en los ríos, soltó varias decenas de alevines que han dado como resultado la expansión de este coloso por el Ebro, desde Ribarroja hasta más allá de la ciudad de Logroño. El silurio es el penúltimo de una lista que se incrementa cada año con sorpesas, como pirañas en puntos aislados y algunas especies de acuariofilia que se han conseguido aclimatar naturalmente.
Rosangela M Zambrano G
CI: 19.360.644
EES

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